miércoles, 25 de noviembre de 2015

The artist is present

miércoles, 25 de noviembre de 2015
Marina Abramovic es una artista internacional de primer nivel que ha visto popularizado su nombre a raíz de un vídeo que muestra un pequeño momento de una de sus performances: The artist is present. La explicación del vídeo que he tenido oportunidad de leer en diferentes sitios siempre es la misma: una artista que crea una obra consistente en estar sentada en un museo frente a los cientos de visitantes que van pasando frente a ella por turnos, hasta que de pronto uno de esos visitantes es su ex pareja, al que no veía desde hace años, tras decidir acabar su relación depidiéndose ambos en la Gran Muralla China. La historia es poética e inspiradora, pero no es del todo cierta.


La realidad queda reflejada en el documental que se hizo sobre la muestra, el cual ayuda a entender mucho mejor el carácter de la obra de Marina y el verdadero sentimiento que subyace en el encuentro con su ex pareja (con el que por cierto estuvo conviviendo varios días antes). Entendemos entonces que la emoción no atiende a la sorpresa y la añoranza, sino que es algo mucho más instintivo, fruto de la profunda conexión interna que Marina busca en todas sus obras. Allí, de pronto, los dos vuelven a estar conectados en una performance.

Un momento muy significativo es cuando Marina recibe en su casa a un grupo de jóvenes artistas que versionarán durante la exposición algunas de sus instalaciones más famosas. Durante la convivencia de tres días que mantienen, la artista se preocupa de transportarlos al lugar correcto desde el que afrontar la performance. Les retira los teléfonos móviles, se levantan temprano y hacen algo de ejercicio físico, se bañan en el río, se abrazan a los árboles. En definitiva se trata de un trabajo interior, de hacer aflorar los sentimientos más escondidos, de desintoxicarles de todo cuanto les rodea y hacerles ver la pureza del sentimiento mismo. Intenta hacerles entender que la performance no es sobre actuar, que no es racional: que no se trata de ensayar o entender, sino de conectar con el punto mismo que se quiere expresar.

En esa línea, la performance The artist is present va mucho más allá de la potencia de la instalación: una gran sala en el MoMa iluminada como un plató de cine, con un decorado austero y la admirada artista allí en medio, al alcance de todos. Un escenario que impresionaría a cualquiera y que rápidamente robaría la atención del espectador. Y sin embargo Abramovic nos invita a sentarnos frente a ella, el tiempo que queramos, y tener la posibilidad de cruzar la mirada y aislarnos del entorno. En ese instante y en ese lugar, el artista es el que observa y el espectador es parte de la obra.

A través del documental comprendemos el tremendo esfuerzo físico que implica, y cómo esa exposición al límite físico es parte sustancial de la performance ya que es el camino doloroso pero necesario para que pueda emerger el sentimiento y la conexión con uno mismo y con el entorno. Marina lo define como el estado de consciencia del performer, a través del cual "una vez entras en el estado de performance, puedes empujar tu cuerpo a hacer cosas que normalmente serías incapaz de hacer".

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