lunes, 16 de noviembre de 2015

Vive simple, vive con poco

lunes, 16 de noviembre de 2015
La opción difícil siempre es elegir: discriminar entre esto sí, esto no. La opción fácil entonces es quedarnos con todo: acumular sin criterio ni vergüenza. Conforme llenas cada uno de los huecos de tu casa vas inventando otros que te permitan seguir huyendo de darle el finiquito a esas cosas ante las que una y otra vez te has justificado diciéndoles que quizás algún día. Hasta aquí.

Empieza a darle pasaporte a todo aquello que no es imprescindible. Rodéate de pocas cosas pero buenas, con encanto e historia. Y asegúrate que por ninguna de ellas titubearías lo más mínimo si mañana mismo tuvieras que tirarlas a la basura. Se debe de poder vivir con menos de las cincuenta cajas que salieron de mi última mudanza.

Mi pequeño laboratorio de ensayos ha venido cada vez que he subido la maleta a la mesa y he comenzado a prepararla para un viaje. Lo primero que hice fue desterrar el "y si": y si llueve, y si hace frío, y si salimos a hacer deporte, y si decidimos darnos un homenaje. Estás de viaje, no de mudanza: te llevas lo imprescindible y te las apañas. En el primer viaje de mi vida me dieron un consejo que siempre barrunto: si has de llevar exceso de equipaje, que sea de libros. Pues eso.

Lo siguiente es aplicarlo al día a día. Está bien tener cosas mientras no se dependa de ellas: si no podemos vivir sin un jersey de punto que sacamos por última vez hace más de cinco años, entonces vamos mal. Establece reglas: lo que entra por lo que sale. Aquello que no hayas utilizado en el último año o dos, va fuera. Guarda cosas en el armario de más difícil acceso de casa: si hasta hoy el esfuerzo de recuperarlas no te ha compensado el usarlas, entonces es que no las necesitas.

La parte buena vendrá después: lo maravilloso de desprenderte de cosas y vivir con cada vez menos es que te concentras en las pocas que tienes y las disfrutas mucho más. No se trata de ser austero ni radical: se trata de vivir simple. Céntrate en descubrir el té que más te gusta y saboréalo cada vez que te apetezca, desterrando el resto de sabores y categorías que has almacenado todo este tiempo en la despensa.

Oblígate a disfrutar lo que tienes: no guardes nada para mañana. Si te compras una camisa, estrénala mañana. Si prefieres esperar a una ocasión especial, invita a tu pareja a cenar y ya la tienes. No almacenes botellas de vino a la espera del momento: tres meses, es la máxima tregua que deberías darle a una botella de vino en tu casa. No importa la añada ni la bodega ni el tipo de uva: en tres meses debes tener oportunidad de abrirla. Al menos una.

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