viernes, 4 de diciembre de 2015

Sin lista de propósitos

viernes, 4 de diciembre de 2015
Se acerca el año nuevo e inevitablemente nos machacamos la cabeza con listas de nuevos (y buenos) propósitos. Como si nos fuera la vida en ello, como si con la última campanada del año nuestra vida se reseteara y tuviéramos que volver a dotarla de sentido y orden, ladrillo a ladrillo. Como si la mierda se quedará atrás sin más, y como si la felicidad cupiera en unas pocas líneas sobre un papel.

Mi propuesta es que te olvides de tu lista de propósitos de nuevo año, y en general de cualquier lista que te ayude a dibujar el futuro y creer que lo tienes más cerca. Haz lo contrario: cada año escribo una lista con todas las cosas buenas que me han pasado ese año. El uno de enero reservo un par de hojas de la Moleskine para cubrirlas de cosas buenas conforme vayan sucediéndose. Sólo cosas buenas, a las malas que les den. Con letra grande, colores y subrayado. Acentúa lo bueno, destácalo, esmérate en que quede bonito.

Instintivamente tendemos a quedarnos, sobre todo, con lo malo. Y cada pequeño logro del día a día, cada pequeña satisfacción que nos regala la vida, no sólo la olvidamos rápido sino que la menospreciamos para ceder protagonismo a lo negativo. Pero lo cierto es que ambas cosas, las buenas y las malas, pesan lo mismo. Ambas pasan, ambas se olvidan, y en tú mano está decidir qué es lo que quieres retener. El día en que te parezca que el barco naufraga rescata la lista y repásala: seguro que encuentras más de un buen motivo para salir ahí fuera y bailar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Evocador © 2014