jueves, 17 de noviembre de 2016

El valor de una cena

jueves, 17 de noviembre de 2016
Somos seres sociales: necesitamos hablar con otros, tocarnos, desearnos, odiarnos, saludarnos. Empatizamos con el desgraciado, envidiamos al exitoso. Nos encanta alargar las sobremesas, elocubrar sobre los comportamientos ajenos, curiosear la vida de otros. Hemos nacido para relacionarnos: fijándonos en otros somos capaces de adivinar lo que sí y lo que no queremos ser.

La infortuna es que el tiempo es limitado, limitadísimo. Antes de lo que piensas te encontrarás frente a un espejo repitiéndote a tí mismo la frase que una y otra vez escuchaste a tus mayores: qué rápido se pasa el tiempo. Ahora eres tú el mayor: puedes asumirlo sin dramatismo, es un hecho. Es bello, incluso: la madurez te deja ese poso de saber, de pensar las cosas de veces, de estar de vuelta de ciertos caminos.

Pero el tiempo, repito, es limitado. Se va y no vuelve, y no tienes más. Es así, no hay opción: sólo te queda la carta de elegir con quién gastarlo. No permitas que te nublen con problemas, egos, farsas ni mentiras: elige muy bien con quién gastar tu tiempo. Porque es así, el tiempo se gasta, y llegado el final se agota. Cada conversación, cada despertar, cada merienda, cada llamada de teléfono, todo, absolutamente todo, importa. En cada pequeña causa tienes la oportunidad de avanzar o retroceder.

Elige. Todo en la vida es eso: elegir. Procura hacerlo bien: asegúrate de rodearte de gente que te contrarie, que te imponga retos, que replique tus teorías y que obvie tus comentarios. Comparte mesa con aquellas personas que te provoquen inquietud, con las que no sepas en qué casilla encuadrar: esas que de una u otra forma te permiten adentrarte en terrenos desconocidos.

Somos seres sociales, y libres. Tenemos la inmensa fortuna, y responsabilidad, de elegir con quién gastamos, o malgastamos, nuestro tiempo: limitado. Cada segundo de cada minuto, cada día y cada noche, cada comida y cada cena: todo es una oportunidad, que podemos aprovechar o no. Sé concienzudo, piensa, reflexiona: no malgastes ni una sola de las cenas que te restan.

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